FINCA HAMBURGO

Tradición desde 1888

El sol se asoma a lo largo de la sierra chiapaneca, comienza la mañana y la selva alrededor de volcán Tacaná se despierta. La zona de los altos del Soconusco era totalmente salvaje, desconocida y sin haber sido explorada antes por el hombre. No hay pirámides ni ruinas de civilizaciones antiguas. A 1,151km de distancia, el mundo era muy diferente y contrastante. El presidente Porfirio Díaz se encontraba en el Palacio Nacional de la Ciudad de México se encontraba trabajando en grandes reformas estructurales para el país, con el objetivo de desarrollar e innovar la economía del país. Díaz tenía una visión de un México próspero y no estaba conforme con la forma en que las compañías de esa época se desempeñaban. Por esta razón decidió invitar a empresarios de países del primer mundo, los cuales aspiraba a que México se convirtiera. Estas invitaciones fueron enviadas principalmente a través de embajadas e iglesias, las cuales fueron contestadas por italianos, franceses, ingleses y alemanes, por mencionar algunos.

21 de enero de 1888

Una fría mañana de enero zarpó desde Hamburgo, Alemania, Arthur Erich Edelmann, su esposa Doris y siete colegas más, todos originarios de Perleberg, una pequeña ciudad ubicada a hora y media de Berlín. Erich tenía una fábrica de maquinaria para café en su ciudad natal, propiedad de su familia, la cual enfrentaba problemas económicos al momento en que recibió la invitación por parte del gobierno mexicano. ¿Qué fue lo que sintió en el momento de leer esa carta? ¿Qué habrá pensado para arriesgarse, abandonar su negocio, su ciudad, su gente, su país, su idioma para empezar desde cero en un lugar tan lejos, tan diferente en culturo, en lengua, naturaleza y clima? Un lugar que parecía un mundo diferente. Esa es una historia que no sabemos y talvez nunca lo haremos.

Erich viajó por tres semanas por el Atlántico hasta que arribó al Puerto de Veracruz, donde tomó una carreta impulsada por caballos junto con su gente para dirigirse al Soconusco, Chiapas. A las tierras salvajes y vírgenes que él y su familia llamaría hogar.

Antes de llegar a México, suponemos que Erich tuvo que haber leído toda la información disponible sobre Chiapas, sobre México y se especializó en su cultura, su gente, lenguaje, naturaleza, su historia. Sin embargo, no había nada que lo hubiera podido preparar para la intensidad de su nueva vida.

Erich, Doris y su gente llegaron a Huixtla, una pequeña aldea con algunas casas construidas adobe y palma, habitadas por amigables familias indígenas que les otorgaron las mulas y capital humano necesario para poder llegar a su destino final. Desde ahí, les tomó otras 8 horas para poder transportarse a lo largo de los caminos de terracería recién creados, los cuales parecían túneles entre la densa jungla. En su camino podían observar al Tacaná, un volcán cuyas erupciones transformaron la tierra de su alrededor en un paraíso fértil.

Con la ayuda de trabajadores provenientes de San Cristóbal, San Juan Chamula y Guatemala, Erich y su equipo formado por arquitectos e ingenieros comenzaron a armonizar el terreno, construir las primeras casas para los trabajadores, el beneficio, caminos. Erich y Doris vivieron por 11 años en una de estas sencillas casas, no podía pagar una casa más grande, todavía no. La prioridad era preparar la tierra, construir toda la infraestructura necesaria para trabajar, mantener a la gente trabajando, a proveer el dinero y trabajo, casas y alimento. La prioridad era su gente, la prioridad era el café.

Dedicaron mucho trabajo invirtiendo en este proyecto a largo plazo, tan lejos de su hogar, mucha determinación y esperanza, un gran riesgo y una apuesta. Todo ese trabajo, todos esos años, hasta que finalmente: la primera cosecha y el inicio de Finca Hamburgo.